Un tren, de los típicos de las pelis de Europa de los años 50 (con compartimentos de 6 asientos) nos trajo a Viena, nunca había montado en un tren igual!. En cuatro horas y media ya estábamos en una ciudad majestuosa, llena de palacios y edificios estilo “rococó”. Aquí ves a Mozart por todos lados… ya sea en las tiendas, en los cientos de conciertos que hay por las tardes en las iglesias, o incluso por las calles (un montón de tíos disfrazados de Mozart te ofrecen conciertos y espectáculos por las calles del centro de Viena).
Bueno, y eso que Mozart “algo” aportó a la música, pero más curioso es lo de la famosa “Sissí” emperatriz. Esa sí que está por todos lados y en todas las tiendas (menuda tabarra con la “Sisí”!!!) y no tengo muy claro que aportó a la historia…
Cuando llegas a Viena, te das cuenta que aquí la gente cuida la ciudad, todo está limpio y lo edificios están impecables. (En el hostel en el que estamos hay un cartel nada más entrar en el que dice “No dejéis ropa colgada por la ventana, esto es Viena, no un pueblo”… vaya tela…)
De todas las ciudades que estoy “redescubriendo”, Viena es la que peor recordaba… la verdad, nada que ver con lo que tenía en mi memoria.
Se trata realmente de una ciudad “imponente”. Los palacios y sus jardines son apabullantes, incluso pueden llegar a cansar por la cantidad de ellos que hay en la ciudad, y a cada cual más bonito. Nosotros hemos decidido ir a ver el palacio de “Schönbrunn” (eso sí, la visita corta, que con ver una parte de los aposentos de “Sissí” es suficiente… lo de ver hasta las vajillas de porcelana de “Sisí” o sus cientos de trajes lo dejamos para otra ocasión…) , los jardines de Belvedere y el enorme palacio de Hofburg (gigantesco…) con más de tres museos y no sé cuantas salas para visitar…
Merece la pena visitar estos palacios, aunque como digo lleguen a cansar. Lo que también merece la pena es la visita a la Ópera de Viena… sencillamente preciosa. Como no va a venir uno a verla por dentro después de la cantidad de conciertos de año nuevo que hemos visto??? Ah! y lo suyo hubiera sido ir a ver después de la visita de la Ópera un concurso de saltos de ski… (Y por cierto, que según nos contó la guía de la visita, el concierto no se graba en la misma Ópera… y lo que es peor! Hay partes que no son en directo!!! (que decepción…)
Gracias a la recomendación de mi padre dimos una vuelta por el mercado de la pulga, un mercado grande, bonito y curioso donde además de comprar miles de cosas (bueno, o ninguna…) uno puede comer un riquísimo donner kebab… como no! están por todos lados!!! Desde que llegamos en nuestro viaje a Bélgica hay 2 cosas en común con el resto de países; que puedes comer un buenísimo kebab en cualquier ciudad de centro Europa (nada que ver con los de España) y que las farmacias se llaman “Apotheke”… (pero no era “Pharmacy”???)
Hoy hemos elegido un puesto en la calle en el que podías elegir entre comida asiática, un donner kebab o salchichas alemanas, vamos el paraíso de la alta cocina. (y mira que estaba todo bueno!)
Y como no, para acabar el día, hemos ido al parque “Prater” de atracciones, donde está la famosa y antigua noria roja, emblema e imagen de la ciudad. El “Prater” no es un enorme parque público de acceso gratuito donde hay atracciones por las que tienes que pagar entre 5 y 10 €… algunas son las típicas atracciones de las ferias, a saber; el “top spin”, “la rana”, “la nube” (mítica atracción de las fiestas de Torrelavega…) pero otras son desconocidas para mí, pero que pena que haya venido en una época un poco “marmota” y no me ha apetecido montar en ninguna…la próxima será….
Siguiente destino: Venecia. (Al final nos decidimos a bajar a Italia, posiblemente acabemos el viaje en Roma)
PD1: “Estefi? Que postal nos llevamos de recuerdo de Viena? Una de Sissí posando? o una de Sissí en palacio?” (No hay opción… a ver si somos capaces de encontrar algún recuerdo de la ciudad en el que no aparezca la “emperatriz”… misión imposible)
PD2: “Mejor un Mozart en chiquitito?”… vaya tela.
Pues nosotros por dar un contrapunto cañí a vuestro viaje chupimegaguay hemos ido a Torremolinos, tierra de tardes eternas de Tour; para leer The Sun y no The Guardian, tener la piel quemada y ver la explosión decadente del ladrillo español. Menos fotos que vosotros, pero mucho mar y mucha birra. Hoy de vuelta a Madrid y mañana nos vamos al Norte, un descenso del Sella nunca viene mal...
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